La pobreza no sólo se encuentra en los bolsillos, sino en las mentes. Hemos determinado que, para arreglar el problema de la pobreza, hay que educar a la gente.

¡Miles de niños caminan por las calles y cantones o ejidos, todos ellos serían felices y con ganas de aprender!

Muchos están allí sin oportunidades, por lo que la falta de finanzas en una familia nunca es una excusa para que no puedan recibir la educación que merecen; aprender junto a los niños procedentes de las familias más pobres y desprotegidos será un reto para nuestra organización.